En vista de los continuos incendios, el virrey Manuel de Amat, durante su gobierno (1761 - 1776), expide un decreto por el cual al toque de incendio en el Callao, debían presentarse los maestros carpinteros, carroceros, albañiles, etc. con sus respectivos instrumentos, y el cuerpo de oficiales y aprendices, bajo pena de multa, en caso de no hacerlo. También debían concurrir los aguadores con sus toneles y baldes para extinguir el fuego.
Con el crecimiento de la población, unos veinte años después de proclamada la Independencia, se hizo necesario que las autoridades gubernamentales y comunales, se preocuparan -y muy seriamente- por la vida y seguridad de los habitantes, los cuales habían sido ya amenazados en más de una oportunidad por siniestros imprevistos. De aquí nació la necesidad urgente e imperiosa de conseguir los elementos destinados a contrarrestar las situaciones de emergencias que pudieran presentarse.
Cuando ocurría un incendio, y se daba el toque de alarma, inmediatamente la gente, provista de baldes y otros utensilios, se posesionaba de las acequias. Todos los vecinos contribuían, en la medida de sus fuerzas, a combatir el siniestro que a veces era dominado, pero que en otras alcanzaba proporciones enormes.
El 23 de Marzo de 1847 el doctor Manuel Pérez de Tudela, quien tenía a su cargo el ministerio de gobierno, oficiaba al Prior y Cónsules del Tribunal del Consulado en el sentido de que contrataran, con la Casa Barreda y Rodrígo, dos bombas de gran amplitud que se sumarían a las tres que, por intermedio de la misma casa, ya habían sido pedidas y se encontraban en viaje. Sin embargo, el 14 de Abril de 1847, quiso el gobierno que se generalizase en toda la república el servicio de las bombas contratándose, para tal efecto, 42 de estas máquinas, las mismas que serían distribuidas convenientemente según las condiciones de cada localidad.
En 1885 el señor prefecto, persuadido de la necesidad de organizar un cuerpo de bomberos, nombró una comisión compuesta de seis notables del país y seis europeos, con el objeto de que analicen el tratado acerca de un sistema de bombas y organización de bomberos. Es loable el empeño con que el señor prefecto trata de verificar este cuerpo útil y salvador. Entre los señores de la Comisión se encuentran personas muy capaces de llevar a cabo una obra cuya necesidad se hacía imperiosa: "...es de desear que a la mayor brevedad quede organizado el Cuerpo de Bomberos".